Hasta su nombre suena bien, es bello y original: el viñedo de “La Cañada del Navajo” y “La Noria de Luna”; los viñedos de Luna. En ellos, se han conjuntado los deseos personales del promotor de hacer un gran viñedo para elaborar un gran vino, con los deseos profesionales de hacer una gran viticultura.

La ubicación y todas las características de este viñedo no son casuales, son todas causales. Se ha establecido y formado un viñedo en el que en cada uno de sus rincones, de sus aspectos y de sus detalles, se ha aplicado el conocimiento de la viticultura. Y ello, sin restricciones económicas, sociales o tradicionales; sin convicciones caprichosamente personales. Todo ello imprime a “La Cañada del Navajo” y a “La Noria de Luna” un carácter universal.

El viñedo, nuestro viñedo, representa la pluralidad que debe confluir en la singularidad, el vino, nuestro vino. Su clima hostil de precipitación mediterránea y de temperatura continental, le dan agua cuando hace frío, mucho frío; y le da calor, mucho calor, cuando hay sequía. Junto a este clima cambiante en extremo, la topografía es diversa, y pasa suave del valle de la cañada, a laderas de exposiciones variadas. Los tiempos han dado a Dehesa de Luna suelos varios; y en el viñedo, los calcáreos y someros de las laderas, acaban en la cañada en suelos sensiblemente más fértiles y profundos, consecuencia del acumulo lento procedente de su entorno. 

Las variedades, los patrones, la conducción, la poda y la gestión del viñedo son diversas, como diversas son las condiciones de microclima y suelo. Un objetivo que guía, siempre presente, es optimizar el uso de los recursos, de manera que la acción del hombre con las técnicas de cultivo, permita que las condiciones genéticas de las variedades pueda expresar en este clima, y en cada suelo, las deseadas características que pueden aportar. 

bodega dehesa de luna

Las variedades peninsulares, tradicionales, tempranillo, graciano, garnacha blanca y viura, se combinan con las menos meridionales cabernet-sauvignon, shiraz, viognier, chadonnay y sauvignon blanc. Y en cada lugar, la conducción en sistemas posicionados como la espaldera o la pérgola,o en sistemas no posicionados como sprawl, eje vertical o vasos altos, buscan aprovechar lo mejor de lo mejor, y lo mejor de lo peor.

La desintegración y la integración del paisaje, del entorno, el respeto y la tolerancia en el medio, con el medio y para el medio que acoge este viñedo, están presentes, en el escrupuloso uso del riego, en el cuidadoso manejo de sus suelos enyerbados, para alcanzar el equilibrio, la armonía y la expresividad de sus uvas, fruto de la vid y del trabajo del hombre.